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Perder a un perro y adoptar de nuevo: no existe un momento correcto para todos

9 sept
7 min de lectura
De repente desaparecen los paseos, el sonido de sus pasos, los horarios de comida, ese lugar concreto donde dormía y el recibimiento al abrir la puerta.

Perder a un perro cambia mucho más que la presencia de un animal en casa.


De repente desaparecen los paseos, el sonido de sus pasos, los horarios de comida, ese lugar concreto donde dormía y el recibimiento al abrir la puerta. Gestos que parecían pequeños formaban, en realidad, parte de nuestra rutina diaria.


Después llega una pregunta para la que no existe una respuesta universal:


¿Cuánto tiempo debería esperar antes de volver a convivir con otro perro?

Algunas personas necesitan años. Otras empiezan a planteárselo después de unas semanas o meses.


Ninguna de esas decisiones permite medir cuánto querían al animal que murió.


La investigación disponible no establece un periodo obligatorio antes de incorporar otro animal a la familia. Tampoco demuestra que hacerlo rápidamente elimine el duelo.


El duelo por un animal es un duelo real

Cuando un perro o un gato forma parte de nuestra vida durante años, la relación puede ocupar un lugar muy parecido al de otros vínculos familiares.


Una revisión sistemática realizada por Ben Hughes y Beth Lewis Harkin encontró que las personas pueden experimentar niveles significativos de duelo después de la muerte de una mascota y que la intensidad está relacionada, entre otros factores, con la fortaleza del vínculo que existía con ella.


El duelo puede aparecer de muchas formas:

  • Tristeza.

  • Sensación de vacío.

  • Dificultad para concentrarse.

  • Cambios en el sueño.

  • Recuerdos constantes.

  • Alteración de las rutinas.

  • Necesidad de hablar del animal.

  • Deseo de conservar fotografías u objetos.

No todas las personas experimentan lo mismo ni durante el mismo tiempo.


También desaparece una rutina construida durante años


Un rincón del hogar con cama vacía, correa, cuenco, juguete y una fotografía del perro. Refleja muy bien la ausencia en la rutina diaria y el vacío que deja una mascota.

Quien convive con un perro organiza una parte considerable de su día alrededor de él.


Hay que sacarlo.


Preparar su comida.


Reponer el agua.


Jugar.


Administrar medicación cuando la necesita.


Ir al veterinario.


Abrirle la puerta cuando pide salir.


Buscarlo cuando lleva demasiado tiempo en silencio.


Después de una pérdida, todas esas acciones desaparecen prácticamente de un día para otro.


El silencio de la casa también forma parte del duelo

Hay personas que describen precisamente esto como una de las partes más difíciles.


No es únicamente echar de menos al animal.


También se echa de menos aquello que ocurría alrededor de él.


El paseo de primera hora.


El ruido del comedero.


El hueco ocupado en el sofá.


La espera junto a la puerta.


La rutina puede hacer que la ausencia se recuerde muchas veces a lo largo del mismo día.


¿Adoptar pronto significa querer reemplazarlo?

No.


Al menos, no podemos llegar a esa conclusión únicamente por el tiempo transcurrido.


Un perro nuevo no reproduce la relación anterior.


Tendrá otro carácter, otros comportamientos, otras preferencias y terminará construyendo una historia distinta con la familia.



Pero tampoco debemos presentar una nueva adopción como una forma segura de acabar con el dolor.


La evidencia científica disponible sobre los vínculos que permanecen después de la muerte de una mascota es heterogénea y no permite afirmar que incorporar otro animal haga desaparecer más rápidamente el duelo.


Un nuevo perro nunca ocupa exactamente el lugar del anterior

Cada relación con un animal está construida alrededor de experiencias irrepetibles.


Quizás el anterior esperaba todos los días junto a la puerta.


Otro dormirá debajo de una mesa.


Uno disfrutaba de kilómetros de paseo.


Otro preferirá cinco minutos de carrera y después buscará el sofá.


Por eso hablar de “sustitución” simplifica demasiado algo mucho más complejo.


Puede existir espacio emocional para recordar a un animal que murió y, al mismo tiempo, empezar a querer a otro.


Qué son los vínculos continuos


Una persona sentada mirando fotos del perro y sosteniendo su collar. La escena transmite duelo, memoria, vínculo emocional y recuerdos que permanecen.

La psicología utiliza el concepto de continuing bonds, o vínculos continuos, para describir

las formas en las que una relación puede seguir teniendo presencia después de una muerte.


La revisión de Hughes y Lewis Harkin encontró que esos vínculos pueden expresarse mediante recuerdos, rituales, fotografías, objetos o conversaciones sobre el animal.


Dependiendo de cada persona y de la manera en que se manifiesten, pueden proporcionar consuelo o también intensificar determinados aspectos del duelo.


Recordar no significa no haber avanzado

Guardar su collar.


Conservar una fotografía.


Hablar de él.


Celebrar el día en que llegó a casa.


Recordar alguna de sus manías.


Nada de eso impide necesariamente desarrollar una relación con otro animal.


Una nueva historia puede comenzar sin borrar la anterior.


¿Cuánto tiempo hay que esperar antes de adoptar nuevamente?

No existe un número de semanas o meses aplicable a todas las personas.


Decir: “Hay que esperar seis meses”. O: “Lo mejor es adoptar inmediatamente”.


Son recomendaciones demasiado generales.


La situación depende de la persona, de la familia y también del animal que podría

incorporarse al hogar.


Antes de adoptar, puede ser útil hacerse algunas preguntas

Más que mirar el calendario, conviene pensar:

  • ¿Quiero conocer realmente a otro animal o busco que se comporte como el anterior?

  • ¿Estoy preparado para aceptar una personalidad completamente distinta?

  • ¿Puedo asumir de nuevo los cuidados cotidianos?

  • ¿Tengo tiempo para su adaptación?

  • ¿Toda la familia está preparada?

  • ¿Mi situación económica permite asumir sus gastos?

  • ¿Estoy dispuesto a construir una relación nueva?

No existe una respuesta que tengamos que dar inmediatamente.


Comparar al nuevo perro con el anterior es comprensible


Las comparaciones pueden aparecer sin buscarlas.


“Él nunca hacía esto”.


“A ella le encantaba este paseo”.


“El anterior aprendió antes”.


Es normal que los recuerdos aparezcan.


Pero el nuevo animal necesita espacio para desarrollar su propia personalidad.


No debemos esperar que repita una historia anterior

Quizás sea más activo.


Más independiente.


Más inseguro.


Mucho más sociable.


Puede necesitar otras rutinas e incluso una forma distinta de educación.


Aceptar esas diferencias ayuda a construir un vínculo propio en lugar de intentar reproducir el anterior.


Cuando otras personas no comprenden el duelo

Existe además una dificultad particular en la pérdida de animales: algunas personas todavía minimizan lo que significa.


Frases como: “Era solo un perro”. “Puedes tener otro”. “Ya se te pasará”.


Pueden resultar especialmente dolorosas.


La literatura sobre duelo utiliza el concepto de duelo desautorizado para describir pérdidas cuyo impacto no recibe un reconocimiento social proporcional a lo que siente la persona.


La investigación sobre pérdida de mascotas identifica precisamente este fenómeno como uno de los factores que puede complicar la experiencia.


Curiosamente, también puede producirse el juicio contrario.


Si alguien decide adoptar pronto: “¿Ya tienes otro?”


La rapidez de una nueva adopción tampoco demuestra falta de cariño hacia el animal que murió.


Adoptar puede formar parte de una nueva etapa


Una mujer paseando con un perro al atardecer, mientras aparece de forma sutil la presencia simbólica del perro anterior. Refleja muy bien que una nueva historia puede comenzar sin borrar la anterior.

Cuando una persona siente que está preparada, la adopción puede permitir que otro animal que necesita una familia encuentre una oportunidad.


Pero debe tratarse de una decisión consciente.


No hay que buscar una copia del animal anterior.


Hay que conocer al que tenemos delante.


En Sylvia de la Selva colaboramos en el rescate de perros y gatos y en la búsqueda de familias adoptivas y casas de acogida, trabajando mediante entidades protectoras encargadas de los trámites de adopción.



Una adopción responsable piensa también en el animal

Cuando estamos atravesando una pérdida es comprensible pensar principalmente en cómo nos sentimos.


Pero al incorporar otro animal debemos valorar también sus necesidades.

Ese perro o gato puede venir de:

  • Un abandono.

  • Una estancia prolongada en un refugio.

  • Una casa de acogida.

  • Una situación de maltrato.

  • Una familia anterior.

  • Un rescate en la calle.


También lleva consigo una historia.


Necesita tiempo para comprender su nuevo hogar y construir confianza.


La adopción debe funcionar en ambas direcciones: nosotros encontramos un compañero y él necesita encontrar una familia adecuada.


¿Y si todavía no estoy preparado para adoptar?

No ocurre nada.


También existen otras formas de seguir cerca de los animales.


Dependiendo de las posibilidades de cada persona, puede colaborar difundiendo adopciones, ayudando a una protectora o participando en iniciativas de apoyo a animales que todavía buscan hogar.


No es necesario adoptar para demostrar cuánto significó el animal que perdimos.


Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda

La tristeza forma parte del duelo y no existe un plazo idéntico para todas las personas.


Sin embargo, cuando el sufrimiento resulta muy intenso, persiste y dificulta de forma importante actividades habituales, relaciones o funcionamiento cotidiano, puede ser conveniente hablar con un profesional de salud mental.


La propia revisión científica sobre duelo por mascotas señala que algunas personas pueden llegar a experimentar efectos incapacitantes y beneficiarse de apoyo profesional.


Pedir ayuda tampoco reduce la importancia del vínculo.


Preguntas frecuentes sobre duelo y adopción

¿Cuánto hay que esperar para adoptar otro perro después de que muera el mío?

No existe un periodo científicamente establecido.


Algunas personas se sienten preparadas después de poco tiempo y otras necesitan meses o años.


La decisión debe valorar tanto el estado emocional de la persona como su capacidad para atender correctamente a otro animal.


¿Adoptar otro perro significa reemplazar al anterior?

No necesariamente.


Cada animal genera una relación diferente.


Puede mantenerse el recuerdo y el cariño hacia el perro fallecido mientras se construye un vínculo completamente nuevo con otro.


¿Otro perro ayuda a superar el duelo?

Puede proporcionar compañía y recuperar determinadas rutinas, pero no existe evidencia suficiente para garantizar que una nueva adopción reduzca necesariamente o acelere el duelo.


¿Es malo adoptar demasiado pronto?

El número de días transcurridos no permite determinar por sí solo si una decisión es adecuada.


Resulta más útil valorar las razones para adoptar y comprobar que existe disposición para conocer y aceptar a un animal diferente.


¿Es normal seguir pensando en mi perro aunque tenga otro?

Sí.


Los vínculos continuos pueden mantenerse mediante recuerdos, fotografías, objetos y otras formas de conservar emocionalmente la relación con el animal que murió.


¿Debería guardar sus cosas?

No existe una regla.


Algunas personas encuentran consuelo conservando determinados objetos. Otras necesitan guardarlos o retirarlos durante un tiempo.


Debe hacerse aquello que resulte más adecuado para cada persona.


¿Dónde puedo conocer animales que buscan una familia?

Sylvia de la Selva participa en rescates y en la búsqueda de familias adoptivas y casas de acogida mediante protectoras.


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